Investigación

INVESTIGACIÓN

En Latinoamérica, las distintas disciplinas sociales han ensayado en las últimas décadas variadas estructuras de construcción de una crítica de los procesos económicos y sociales desencadenados por el neoliberalismo que produjo una profundización de las desigualdades. Como consecuencia de esto, en los últimos veinte años se constituyó un nuevo escenario caracterizado por una gran asimetría de fuerzas en las que los sectores populares y de las franjas medias han perdido poder y como contrapartida, lo han concentrado las élites del poder internacionalizado.

En el caso de la disciplina arquitectónica, salvo pocas excepciones, las estrategias proyectuales han sido monopolizada por prácticas de corte eurocentrista que propende a la producción de hábitat dentro de las lógicas de la ciudad formal mediante objetos que se inscriben en las pautas de la sociedad de consumo, tecnológicamente complejos y formalmente pregnantes.

A partir de las evidentes consecuencias de la crisis climática, sectores de la arquitectura, la construcción y la industria se han enfocado en prácticas que contemplen esta cuestión. Así surgen especializaciones de la arquitectura que la califican de sostenible, consciente, etc. que desde un enfoque tecnocrático tienden a la especialización en el tratamiento de la materia como una ciencia autónoma generalmente desconectada de la cultura y las identidades.

“Si la sostenibilidad no es cultural, entonces sigue siendo muy frágil. No se puede simplemente depender de una solución tecnológica, un estándar LEED o lo que sea. Pero la durabilidad en sí misma ya es una forma crucial de sostenibilidad, aunque de alguna manera se considera desconectada. Sin embargo, hay un aspecto en la mercantilización que quiere eliminar todo esto. Como muy bien lo dice Antoine de Saint- Exupéry, y lo cito al frente de Estudios en cultura tectónica, “no pedimos ser seres eternos. Solo pedimos que las cosas no pierdan todo su significado”1.

Kenneth Frampton, uno de los críticos más importantes de la arquitectura, pareciera abrir el camino hacia la propia reformulación de una disciplina que ha ido transformando su autonomía en una suerte de autismo, a partir de preguntarse “¿de qué modo podremos modular la posible relación futura entre creatividad y homeóstasis o, digamos, entre la capacidad imaginativa del hombre y las ahora demasiado evidentes limitaciones de la biósfera?”. De este modo nos señala el hecho de que si la arquitectura como disciplina específica de la construcción del hábitat no aborda el problema desde una mirada cultural y sistémica quedará inerme ante el deterioro del medio ambiente.

Para el autor, es el momento de establecer el estado actual de la cuestión, el marco teórico disciplinar bajo el cual se desarrolla la arquitectura. En su texto Reflexiones sobre la autonomía de la arquitectura: una crítica de la producción contemporánea, plantea un modelo que esté más allá de cualquier estilo, “podemos decir que la arquitectura está determinada por tres vectores interrelacionados: Tipología (la institución), Topografía (el contexto) y Tectónica (el modo de construcción).”2 . En este modelo la Tipología (Typos) articula categorías como la sociedad, la política, la identidad, la cultura, la ecología, la función, el programa, etc. La Topología (Topos) articula al país, el contexto, el lugar, el paisaje, la región, la ciudad, la topografía, la economía y la Tectónica (Tektónika) a la producción, la materia, la durabilidad, el proceso constructivo, la ciencia, la técnica, la tecnología, el costo.

Es fundamentalmente sobre el Typos que nos interesa indagar, ya que a la luz de los resultados del neoliberalismo se sucedieron diversas transformaciones sociales, como señala Maristella Svampa “En el marco del modelo neoliberal, los relatos de las sociologÌas de la descomposición social se articularon en torno a conceptos de alcance intermedio, como el de desinstitucionalización, desestructuración, anomia, desafiliación, e inclusive el de destradicionalización, y dieron lugar a interesantes an·lisis sobre la din·mica de individualización expulsiva, como contracara de los procesos de globalización neoliberal en nuestras sociedades dependientes”3

Producto de estos procesos emergen los movimientos sociales, “actores colectivos plurales que en los últimos años han extendido su capacidad de representación, esto es, que han ampliado enormemente su plataforma discursiva y representativa en relación a la sociedad. Sabe que estos movimientos, heterogéneos en sus demandas, se insertan en un campo más bien multiorganizacional, complejo en sus posibilidades de articulación. Que son portadores de diferentes dimensiones, ligadas a una identidad territorial, a la primacía de la acción directa, a la defensa de la democracia asamblearia y la demanda de autonomía”

Estos movimientos sociales son lo que en definitiva, ante la urgencia, son desencadenantes de la producción del hábitat casi de manera metabólica (Frampton,1994) . Estos actores sociales, culturales, identitarios son el otro con el que el marco teórico suscripto debe reformularse para tender a lograr respuestas pertinentes y superadoras a las demandas sociales y a las cuales se debe la disciplina. Esto advertía una suerte de agotamiento de la disciplina en su lógicas internas para dar una respuesta a los problemas sociales actuales.

Este debate debe darse en las Facultades de Arquitectura no sólo en términos de gran política, sino también en la micro escala. Está en línea con la crítica de los paradigmas arquitectónicos sobre los cuales se asienta la formación. Las obras deberían ser analizadas en un marco general ineludible, donde racionalidad y razonabilidad están presentes, para introducir una dimensión ética en la cultura del diseño.

2.1.2 Sobre las condiciones ambientales, la inequidad territorial y la desigualdad social.

Las degradaciones ambientales generadas a escalas regionales y globales, como consecuencia, entre otros, de los procesos de producción industriales, presentaron sus más notorias manifestaciones en los comienzos de la segunda mitad del S XX. Desde la aparición del libro de Rachel Carson “La Primavera Silenciosa” en el año 1962, denunciando las consecuencias del empleo de los pesticidas agrícolas en la destrucción de la biodiversidad de los campos, la publicación en 1970 del 1er. Informe Meadows, “Los límites del crecimiento” encargado por el Club de Roma, la larga lista de convenios internacionales para la protección y resguardo de la fauna y flora, la conservación de la diversidad biológica, la reducción de los gases de efecto invernadero- que continúan hasta la actualidad- son la muestra concreta de las condiciones de insostenibilidad que se han establecido a nivel global como consecuencia de las formas de explotación de los recursos naturales para los procesos de producción de escala, dentro del modelo económico de las sociedades humanas actuales.

En el análisis y valoración crítica de este modelo económico surgen los conceptos de “Crecimiento sostenible” y “Economía ecológica, que postulan la necesidad de modificación del sistema de desarrollo actual, oponiendo a las políticas neoliberales de las grandes corporaciones trasnacionales de desregulación absoluta, la tutela y control por parte de los estados.

En la reunión internacional de Cocoyoc, Naciones Unidas (México 1974) se publicó la siguiente declaración:

“El problema básico de hoy en día no es el de la escasez material, sino el de la mala distribución y tratamiento, desde las perspectivas social y económica. La labor de los estadistas es guiar a las naciones hacia un nuevo sistema más capaz de satisfacer los límites internos de las necesidades humanas básicas de todas las personas del mundo, sin violentar los límites externos de los recursos del planeta y del medio ambiente. Los seres humanos tienen necesidades básicas: alimento, vivienda, vestimenta, salud y educación. Cualquier proceso de crecimiento que no conduzca a su satisfacción, o peor aún, que la impida, constituye una parodia del concepto de desarrollo”.

Economía, Sociedad y Medio Ambiente son el trípode sobre el que se sustenta el desarrollo sostenible. Esta forma de considerar el problema nos permite un enfoque multidisciplinario necesario para poder abordar su complejidad. En la interrelación de estos tres pilares básicos, se genera la oportunidad para interconectar el enfoque medioambiental, el enfoque social, el económico, el socio-ambiental, el económico- ambiental y el enfoque socio-económico.

Dentro de este complejo y buscando definir algunos problemas atinentes a la disciplina de la arquitectura, se señalan algunos puntos que se consideran significativos del estado de la situación actual en este campo y previendo que para el 2025, el 90 % de la población estará viviendo en ciudades en países como Chile, Uruguay y Argentina hay que anticiparse al impacto que las ciudades y el proceso de urbanización tienen sobre el territorio a la ineficiencia de las conformaciones urbanas para absorber el crecimiento y a las transformaciones demográficas y de modos de vida, al insostenible consumo de recursos a la contaminación aérea, hídrica y terrestre a la expansión caótica de las manchas urbanas sobre el territorio y a la saturación urbana generada por el automóvil y el transporte, a la irracionalidad en el uso de la energía, a las relaciones vivienda-trabajo, y a la segregación social y ambiental.

En la República Argentina, la sostenibilidad como concepto normativo constitucional ha sido incorporado a partir de la última reforma realizada en el año 1994 a la carta Magna Nacional, que suma a su texto los llamados derechos de cuarta generación. En su artículo 41 establece el derecho para los habitantes “a un medioambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo…”. Asimismo, prescribe que “Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural…”.

El conjunto de normativas constituye un orden invisible que regula la construcción de las ciudades. No obstante, Rolando García (2007) plantea que el concepto de desarrollo sustentable no sólo debe ser entendido en términos de productividad y conservación ambiental de la biosfera, sino que debe propiciar que la actividad económica eleve la calidad de vida de los habitantes de la región y de los involucrados en el proceso productivo.

2.1.3 Acerca de la Sostenibilidad Cultural y la acción disciplinar

A partir de lo expuesto pareciera improbable que la disciplina pueda dar nuevas respuestas acerca de la co- producción del hábitat popular desde el confort de los claustros. Los que formamos este proyecto tenemos experiencia de acción en el territorio desde la militancia social, la extensión y otras modalidades de intervención, desde nuestros saberes disciplinares no siempre de forma orgánica con la institución.

El proyecto de investigación intenta posicionarse desde: “¿Cómo puede contrarrestarse esta clausura globalizada se convierte en una cuestión no sólo para la práctica arquitectónica sino también para las diversas escuelas de arquitectura y urbanismo? En esta coyuntura difícilmente se puede enfatizar suficientemente el hecho de que la sustancia de los procesos políticos requiere ser articulada en el campo, pedagógicamente y de otras maneras, no sólo con relación a la gran política de una normativa ambiental de gran escala, para ser discutida agónicamente en la esfera pública, sino también a la pequeña política del bienestar y la sostenibilidad psicosocial, pues estos factores deberían ser incorporados en el diseño ambiental en una microescala. [1] Por un lado, entonces, la conciencia política en su sentido más amplio, que debería ser parte de la educación […] tanto como cualquier componente de una currícula arquitectónica; por el otro, la necesidad de mantener una dimensión ética en la cultura del diseño.

“En este sentido, creemos que es posible integrar ambos modelos que hoy se viven como opuestos, la del académico y la del militante, sin desnaturalizar uno ni otro. Podemos establecer como hipótesis la posibilidad de conjugar ambas figuras en un solo paradigma, el del intelectual-investigador como anfibio, a saber, una figura capaz de habitar y recorrer varios mundos, y de desarrollar, por ende, una mayor comprensión y reflexividad sobre las diferentes realidades sociales y sobre sí mismo.”4

2.1.4 Concentraciones urbanas y deterioro del hábitat.
Algunas cifras e informes cristalizan las desigualdades y desequilibrios que tienen lugar en las distintas

escalas del hábitat. No se puede desconocer que el futuro de la civilización estará determinado por y en las ciudades. De los 6000 millones de personas que habitan en la tierra, 2000 millones no tienen acceso a la electricidad, 1200 millones no disponen de agua potable, 1000 millones utilizan las 3⁄4 partes de toda la energía consumida en el mundo y el 25% de la población consume el 75% de la energía.

El informe de la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales DESA de las Naciones Unidas ONU difundido en julio del 2014, señala que el 54 % de la población mundial reside en áreas urbanas y que se prevé que para el 2050 llegará al 66 %. Asia alberga en estos momentos el 53 % de la población urbana mundial, seguida de Europa con el 14% y América Latina y el Caribe con el 13%.

El informe de DESA menciona además que se ha pasado de 10 megalópolis en 1990 a 28 en 2014, con más de 10 millones de habitantes, y Tokio es la mayor de ellas, con 38 millones.

Esas megalópolis acogen en conjunto a 453 millones de personas, o un 12% de la población urbana mundial. De ellas, 16 % están en Asia, el 4 % en América Latina, el 3 % en África, 3% en Europa, y 2% en América del Norte. Para 2030, se calcula que habrá 41 ciudades con más de diez millones de habitantes.

En la república Argentina, país poco y mal poblado con un importante déficit habitacional, se expresa el esquema de centro-periferia que se delinea con la división internacional del trabajo. La ocupación del territorio muestra las huellas de profundas contradicciones: grandes extensiones de territorio improductivo y con una baja tasa de crecimiento vegetativo, un área metropolitana convertida en la verdadera Cabeza de Goliat y la imposibilidad de acceso a la tierra dentro de la lógica del capitalismo, que ha devenido en una importante segregación socio-espacial.

El déficit habitacional hace referencia a la ausencia de vivienda, a las condiciones de habitabilidad y a las de hacinamiento. Según datos del INDEC, el censo 2010 arroja que el 25,4% de los hogares de la República Argentina (3.095.312 de hogares) posee algún tipo de déficit habitacional. Este porcentaje que promedia al país, oscila entre el 55,78% de Formosa , el 13,14% de la ciudad de Buenos Aires y el 25,78% del conurbano bonaerense y expresa desde una mirada territorial, coincidencias entre capacidad productiva, pobreza urbana déficit de vivienda y deterioro ambiental.

El Gran Buenos Aires -considerando los 19 partidos del conurbano- con una población cercana a los 13 millones ocupa el decimoquinto lugar en el mundo y el tercero de las megalópolis de América Latina, luego de México y Sao Paulo y posee el 30% de la población de la Argentina en una superficie equivalente al 0,09% de la superficie total del territorio continental.

Se deriva entonces de lo expresado, que urge compatibilizar dos situaciones: por un lado la emergencia, que requiere llevar sus mínimos recursos a las máximas urgencias y por el otro lado la necesidad de proyectos estratégicos sobre la base de nuevas lógicas y teorías que consideren la interacción entre el conocimiento académico disciplinar y la expresión material plasmada sobre el territorio por los sectores socialmente excluidos, para así ir generando una nueva teoría para la arquitectura situada.

2.1.5. La investigación-acción desde una perspectiva sistémica

Rolando García define que “Un sistema complejo es una representación de un recorte de la realidad, conceptualizado como una totalidad organizada –de ahí la denominación de sistema-, en la cual los elementos no son ‘separables’ y, por tanto no pueden ser estudiados aisladamente.” [García, 2007: 42]. En este sentido, el epistemólogo sostiene que todo sistema de existencia material es abierto y mantiene intercambios con su ambiente, por lo que revela que el comportamiento del sistema no sólo depende de su composición y movilidad internas, sino también de las condiciones –factores, elementos o variables provenientes del ambiente externo. Estas relaciones endógenas-exógenas revelan que el observable – relación espacio-sociedad -, en tanto sistema complejo, toma sentido y existencia en la interacción con su observador. Por lo tanto, esa porción de información comprendida dentro de una visión holística será el resultado del proceso de observación del sujeto en el diálogo con el sistema propio del dato.

La investigación – acción es un método que se aplica fundamentalmente en los campos de la educación y el trabajo social, como una alternativa superadora de la clásica postura de cuño positivista, ya que se basa en una relación de ida y vuelta tanto entre la práctica y la teoría, como entre el sujeto investigador y el objeto investigado. Este objeto por otra parte, está constituido también por sujetos que desempeñarán un papel trascendental en el proceso de conocimiento. A tal punto esto resulta esencial, que algunas corrientes de la investigación-acción consideran que dichos sujetos no forman parte del objeto, ya que éste estaría constituido por el problema que se intenta resolver.

Los positivistas plantean una relación de exterioridad con respecto al objeto de estudio. El investigador, al relacionarse con dicho objeto, debe observarlo (desde afuera) utilizando técnicas que le permitan describirlo y explicarlo con el mayor rigor científico. Los datos que se consiguen de esta manera son absolutamente independientes del sujeto observador, y deben ser utilizados para construir una teoría que exprese la realidad del objeto. Es decir que a partir de una gran cantidad de observaciones sistemáticamente registradas, se logrará construir el conocimiento científico. Por otra parte, en este proceso constructivo, los sujetos que integran el objeto de estudio desempeñan un papel pasivo, ya que no realizan ningún aporte consciente. Sus conductas son observadas por el investigador que produce el conocimiento, cuya finalidad no es transformar la realidad sino describirla y explicarla a partir de la contemplación. .

La investigación – acción sigue un camino distinto ya que jerarquiza la práctica transformadora. A partir de una práctica en la que el sujeto investigador y los sujetos que constituyen el objeto investigado se modifican mutuamente, comienza la producción de la teoría (entendida como reflexión sobre dicha práctica). Pero esta teoría nunca es definitiva, ya que al utilizarla para volver sobre la práctica modificándola con el conocimiento construido, surgen nuevos datos o realidades que nos conducen a introducir cambios en la teoría. La práctica y la teoría generan influencias mutuas, transformándose ambas.

El investigador, desde esta perspectiva, no es un mero espejo que intenta reflejar la realidad desde una postura neutral, ya que el conocimiento progresivo que va produciendo sobre ella lo utiliza para planificar cambios necesarios. Es decir que se convierte en un transformador consciente del objeto abordado. Pero en esa transformación no están ausentes los sujetos que constituyen dicho objeto, los que pasarán a involucrarse en el cambio de su propia realidad.

La investigación – acción, aunque no siempre se explicite, forma parte del método dialéctico, el cual lejos de defender la observación neutral de la realidad social, propone el compromiso del investigador y la transformación social a partir del conocimiento gestado en una relación dialéctica con la práctica. La investigación – acción es una aplicación concreta de la dialéctica a campos específicos como son la educación y el trabajo social, en los que la participación consciente de los sujetos involucrados en un determinado problema, forma parte inescindible de los objetivos de la investigación. En el terreno pedagógico Paulo Freire fue el gran precursor de este método en América Latina; lo utilizó para alfabetizar, tomando al educando como sujeto con una participación plena en dicho proceso, lo que significó romper con la educación clásica a la que definía como “bancaria”, ya que en ella los educadores se limitan a depositar sus conocimientos en un alumnado pasivo.

Por todo lo dicho hemos afirmado en algunos pasajes de nuestro trabajo, que la investigación – acción supone investigar transformando y transformar investigando, con la participación de los sujetos que forman parte del problema que se quiere resolver. Es por lo tanto un método dinámico, por la relación que propone entre la práctica y la teoría, como así también entre los sujetos que participan de la investigación; siendo su objetivo general, la transformación consciente de la realidad.

Territorios excluidos en el Gran La Plata

La ciudad de La Plata, signada por su condición ex novo se presenta como un constructo urbanístico teórico, en un estado de pureza, resultante de la centralidad político-institucional de su eje fundacional. Sin embargo, la ciudad encuentra fuera de su centralidad situaciones espaciales que se alejan de la lógica fundacional, en tanto se ven atravesadas por una dimensión social, que es a la vez transformadora y constructora del tejido que se expresa como escenario de la contradicción social que sufre toda ciudad latinoamericana. Los límites o bordes configuran una post-ciudad sometida a las desigualdades.

La problemática de la expansión urbana y las transformaciones territoriales resultantes que tienen lugar en las periferias de nuestras ciudades son productos de procesos de urbanización dinámicos y complejos, en particular en las periferias urbanas caracterizándose por la diversidad de actividades sobre un medio de fragilidad ambiental y desequilibrios en la relación sociedad-naturaleza. Los efectos provocados por las drásticas transformaciones de las relaciones sociales de producción y los procesos de ocupación acelerada del territorio, no solo han acrecentado los niveles de insustentabilidad e irracionalidad, sino que han ampliando la brecha entre la riqueza y la pobreza.

La reestructuración económica y social acontecida desde la década de los ’80 en los países latinoamericanos trajo aparejada una ciudad caracterizada tanto por la expansión “sin límites” sobre el territorio como por la transformación de la organización territorial en su aspecto físico y social. En los últimos veinticinco años, la expansión de la mancha urbana del Gran La Plata, se ha incrementado notablemente configurando nuevos territorios donde se asiente gran parte dela población en áreas degradadas.

2.2 Aporte original al tema:

El proyecto se propone investigar e intervenir en los procesos de producción del hábitat popular en el territorio del conurbano extendido del Gran La Plata, entendiendo que el acceso a la ciudad, la vivienda y el hábitat digno constituyen un derecho y por lo tanto deben ser ejes prioritarios en las políticas de Estado.

En este sentido, por la propia naturaleza de la metodología investigación- acción que favorece a desarrollar mecanismos de interacción entre sujeto investigador y objeto de investigación, el proyecto plantea articular el conocimiento teórico disciplinar de la arquitectura con las experiencias y saberes de las distintas comunidades involucradas con las que hemos venido trabajando.

De esta manera entendemos, como dice Novo[1995]1 , que es fundamental entender la intervención en los problemas del hábitat en términos de procesos, relaciones y probabilidades para aportar como arquitectos a la discusión sobre redefinición teórica de la producción social del hábitat.
Para esto es necesario redefinir también el rol del arquitecto-investigador frente a estos paradigmas, en tanto que sea capaz de producir un conocimiento que vaya más allá de la visión y el discurso de los actores. El aporte original al tema consiste en el ensanche disciplinar propuesto, nutrido dialécticamente, de la experiencia popular de la construcción del hábitat. El nuevo conocimiento generado, que a través de la investigación vuelve al ámbito académico podrá redefinir teorìas y prácticas que nuevamente aplicadas en el territorio continúan un proceso de retroalimentación espiralado. Por último, el desafío de este acompañamiento consiste en contribuir a la construcción de nuevas alternativas políticas, en el vaivén que se establece entre el pensamiento y la acción, la teoría y la praxis transformadora. (SVAMPA, 2007)2